soltar

Cuando J se pone estupendo (estupendamente contradictorio) yo entro en modo desasosiego. J es un maestro de la ambigüedad y la manipulación. Saca del compartimento oriental de su cabeza (que yo visualizo dorado y rojo) toda la artillería Zen y trata de venderme como ciertas sus pretendidas posiciones de paz interior para, a renglón seguido (cosa de minutos, no más) sacar al tío amargado del compartimento de al lado (la sala de horrores, con espada y terciopelo) y, sobre el maestro apacible e inconmovible, de pronto se alza un energúmeno que reclama la deuda que el mundo en general y unos cuantos de sus habitantes en particular, contrajeron con él hace años y que aún reclama con ira…
Y así las cosas, imposible hablar del olor del azahar que sigue flotando en las aceras, ni de los vendedores de castañas frustrados por estos 27 grados, ni del color de las decepciones encadenadas que forman ya un largo rosario, ni de aquel viaje a Soria que quedó colgando de mi fantasía…
¿¿Entonces qué??

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el olor de las camisetas

J se pone una camiseta marca lee, con la que bromeamos (imperativo de leer). Su tristeza estructural se suaviza cuando me mira desde el suelo, donde se lía un cigarrillo. Yo meto en la mochila mi libro del momento y las llaves de casa y salgo, dándole un beso breve.
Debo alejarme de J a ratos. Nuestros encuentros son siempre desgarradores. Me marcho a caminar por el pueblo vacío, luego me alejo entre alcornoques. Me siento en una gran piedra y apoyo la espalda en el tronco del árbol cercano. Siento la corteza rugosa del corcho, es agradable. Abro el libro. Cernuda me sorprende con un poema sobre alguien sentado en un trono de piedra.
Vuelvo a la casa prestada. J sonríe al verme, sigue sentado en el suelo, extiende los brazos, me refugio en ese amor tan cercano, tan distante. Tan raro.
La camiseta tiene un pequeño agujero bajo la segunda e.

la manta

Volvió de Cádiz con una una manta de lunares. Fue lo primero que vio ella al abrir la puerta. Luego vio la cara triste de él.
M había pasado el día mal. Él se había ido por la mañana envuelto en mentiras (he quedado con mi amiga etc). M estuvo meditando un rato por la tarde pero no lograba acallar el ruído de su mente. Se sentía utilizada, manipulada, engañada. Humillada.
Pese a todo, al verlo tan abatido (se sentó medio llorando, dejó a su lado, en el suelo, la bolsa con manta) ella lo abrazó y le susurraba que todo se arreglaría con su “amiga”. Él entonces le empezó a contar su historia con esa otra mujer.
¿Por qué? ¿por qué una mujer inteligente y brillante se mete en una historia tan ridículamente humillante? Y, sobre todo ¿por qué coño no salía de ahí? M me dice que ya sí, que ahora ha encontrado su centro, que sus prioridades son muy otras, aunque aún pesa algo la historia cutre con ese exnovio cutre. Lamenta no haber soltado amarras en situaciones en que debió hacerlo pero eso ya no importa. Ahora ella se siente libre. Y es ahora también cuando el tramposo la valora más. Eso dice ella…

días sin gritos

Los días sin gritos me relajo y me siento cansada, ese cansancio acumulado que mantengo a raya para los días duros.
En los días sin gritos mis percepciones son más agudas: distingo con enorme finura el olor de la resina de los pinos, el color rojo de las flores del hibisco, el pinchazo rápido de la espina de un cactus… todas las cosas son más intensas, más presentes.
A los días sin gritos se llega por un tenebroso túnel de días desgarrados.

Recuerdo a M

Fue una boda desvaída en un pueblo desvaído, con protagonistas desganados… Hace ya cuarenta y dos años (ayer fue el aniversario)
En las fotos la novia tiene una sonrisa entre miedosa y relajada, de al fin ya he salido de este embrollo pero no sé en lo que me he metido. El novio está como más “descuidado”, él se muestra como que se ha metido en algo que quería, aunque también le vino por sorpresa. La familia, los pocos amigos que estuvieron, salen en las fotos contentos y un punto asombrados por lo prematuro. Los novios son muy jóvenes.
Todo tiene el olor de lo inesperado. Un amor adolescente un poco tardío, un embarazo y… hale hop! ya están metidos en una salsa que les viene muy muy grande.
En los recuerdos queda un velo de tristeza y de ternura.

respuesta inadecuada

Fui a cenar hace días con mi ex (ese factor de riesgo que se suma en verano a todos los que ya tengo) y estuvimos bien, aunque me hablara de su novia con tanto amor y admiración.
Hoy me dijo que fueramos de nuevo a cenar, al mismo sitio además, que le apetecía invitarme como despedida. Se va mañana, tras cinco semanas compartiendo veraneo… Bueno, me invitó (es siempre tan atento) y yo decliné airadamente, como enfadada… ¿Por qué ese enfado? se desató en mí una especie de resistencia absurda, aduje excusas increibles y, finalmente, rechacé de plano y con antipatía su propuesta más que simpática.
Me he sentido mal todo el día y me disculpé esta tarde. Incluso le propuse que fuéramos pero él se negó.
Sigue la casa llena de gente, pero…
Se va mañana.
Me queda el regusto de mis respuestas inadecuadas…

respirando

Estamos en la playa y somos una familia extraña. Somos muchos, para empezar. La vieja casa que heredé de mis padres contempla el mar ante ella y sufre las convulsiones cotidianas de nuestras pequeñas batallas domésticas. Mi exmarido viene con nosotros todos los años, lo que supone una ayuda inestimable y un factor de riesgo para la generación de conflictos (su novia no ha venido, lo cual es una ayuda porque no interviene en los conflictos). Los niños andan jugando, riendo, peleando e inventando trastadas todo el día. Los perros a veces se esconden bajo las camas, a veces participan en la debacle general. Parecemos una trasnochada familia de hippys y cada adulto que se hace cargo de algún o algunos niños coge a cualquiera de ellos, da igual que sea propio o de la hermana o de la prima…

Mi familia se ha configurado alrededor de mí, que soy tan fundamentalmente solitaria. Y yo, como la casa, me voy haciendo vieja mirando el mar y disfrutando y soportando estos largos veranos de gente entrando y saliendo de escena sin guiones aprendidos. Veo crecer a los niños, veo hacerse más grandes a los hijos ya grandes, veo a mi ex feliz en su nuevo amor sosegado, me veo a mí y a veces, algunas veces, pienso que hice bien muchas cosas, pese a todo.

Piedras pequeñas